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10/01/2018

La OMC y el CNPT presentan a los partidos políticos un decálogo de iniciativas para avanzar en la disminución del tabaquismo

Ambos organismos aseguran que la disminución de la prevalencia del tabaquismo en España requiere un firme compromiso político, un esfuerzo continuo y la participación de la sociedad civil.

 

La Organización Médica Colegial (OMC) y el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) se han reunido con los grupos parlamentarios del PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos en el Congreso de los Diputados para trasladarles la necesidad de avanzar en la legislación con el objetivo de disminuir la prevalencia del tabaquismo en España, actualmente superior a la media europea.

Tanto la OMC como el CNPT consideran que el control del tabaco requiere un firme compromiso político, un esfuerzo continuo y la participación de la sociedad civil, y en este sentido han propuesto un decálogo de iniciativas:

1. Velar por el cumplimiento de la Ley de Tabaco, especialmente en aquellos espacios sensibles como los centros educativos, centros sanitarios y sus aledaños. También es importante supervisar el cumplimiento en los lugares de ocio y frenar la creciente permisividad en estos espacios. Asimismo, debe asegurarse que se respete la prohibición de la publicidad y promoción de los todos los productos de tabaco, que incluye los productos novedosos del tabaco (como el Iqos), y que debería hacerse extensiva a los cigarrillos electrónicos, los dispositivos susceptibles de liberar nicotina, y productos a base de hierbas para fumar.

2. Ampliar los espacios libres de humo a estadios y demás espacios deportivos, paradas de transporte público (ya recogido en la Ley Vasca de Adicciones 1/2016), playas y otros entornos naturales. No fumar en los coches en presencia de niños y/o mujeres embarazadas, medida recientemente adoptada por el gobierno de Baleares y ya en vigor en países como Australia, Francia, Malta, Reino Unido e Irlanda.

3. Equiparar la regulación del cigarrillo electrónico a los productos del tabaco por ser un producto que no es inocuo y que puede contribuir a abrir espacios de permisividad al uso del cigarrillo en espacios de ocio. Debe contemplarse además el riesgo de que el cigarrillo electrónico se convierta en una puerta de entrada a la adicción a la nicotina en jóvenes. Esta regulación ya se ha implementado en Bélgica, Luxemburgo, Finlandia, Hungría, Grecia, Portugal, Lituania, Letonia, Eslovaquia y Polonia. También está recogida en la Ley Vasca de Adicciones 1/2016.

4. Establecer una fiscalidad de los productos del tabaco semejante para todas las labores del tabaco para evitar que el consumo se desvíe a productos que puedan resultar más baratos, como el tabaco de liar. En este sentido, cabe tener en cuenta que el precio del tabaco es la medida con mayor impacto a la hora de evitar el inicio de los adolescentes y por ello el precio debe incrementarse progresivamente para acercarnos a la media europea.

5. Poner en marcha campañas de prevención del tabaquismo a nivel nacional, tanto para evitar el inicio del hábito en los jóvenes como para promover el cese en las personas fumadoras. También dentro de la prevención poblacional, es importante mantener y renovar los programas de prevención escolar en todas las Comunidades Autónomas, preservando el principio de equidad en su implementación.

6. Mejorar la atención a las personas fumadoras incidiendo en la Atención Primaria como pilar básico, con formación adecuada de los profesionales, promoviendo programas multi-componente y financiando los tratamientos farmacológicos que han demostrado seguridad y eficacia para dejar de fumar, al igual que se financia el tratamiento de otras patologías crónicas como la hipertensión o la diabetes. Esta financiación ya se contempla en algunas Comunidades Autónomas. Es importante asegurar la equidad en la disponibilidad de estos programas, facilitando el acceso a poblaciones vulnerables como pacientes con patologías crónicas y clases sociales deprimidas, y teniendo en cuenta la perspectiva de género.

7. Los programas de prevención y tratamiento deben abordar el binomio cannabis-tabaco, con especial impacto en la población adolescente, siendo el cannabis una puerta de entrada habitual a la adicción a la nicotina además de constituir per se un problema de salud pública que requiere un abordaje específico.

8. Implementar el paquete neutro de tabaco: es una medida eficaz para reducir la demanda de tabaco, y repercute tanto en prevenir el inicio del consumo como en fomentar el abandono. Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Irlanda y Francia ya lo han implementado, y Eslovenia, Hungría y Georgia lo harán próximamente. Además, varios países han abierto el debate político para considerar esta medida.

9. Evitar la interferencia de la industria tabacalera en las políticas de control del tabaquismo. Existe un conflicto de intereses evidente entre los intereses de la industria del tabaco y los de la salud pública. Los contactos con la industria del tabaco deben ser transparentes, y en ningún caso deben conceder a la industria un papel protagonista en las políticas de control del tabaquismo.

10. Establecer un sistema de trazabilidad independiente de los productos de tabaco que, en ningún caso, debe estar diseñado ni controlado por la industria del tabaco.

A pesar del decálogo presentado, las dos organizaciones reconocen que la Ley del Tabaco 28/2005, de la que se cumplen ahora 12 años, y su modificación a través de la Ley 42/2010, en vigor desde hace siete años, han supuesto un gran avance en términos de salud pública y desde el punto de vista social. “Ambas normativas han contribuido a cambiar la percepción sobre el tabaco, antes considerado un hábito normal y socialmente aceptado, y ahora visto por la mayoría como un problema de salud -aseguran-; por otra parte, la exposición de la población al humo de tabaco ambiental se ha reducido en un 57%, la contaminación interior en los locales de ocio se ha reducido en un 90% y el número fumadores entre 2009 y 2014 se redujo en 1,2 millones”.

Sin embargo, continúan, su consumo sigue matando cada año a más de siete millones de personas en el mundo (de ellos, 700.000 en Europa y 52.000 en España) y el tabaquismo pasivo sigue suponiendo un grave problema. 

 

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